Mi hermana Leticia estaba, el otro día, tomándose el primer café del día, a eso de las tres de la tarde. Era sábado. La gata no estaba o por lo menos no había sentido su presencia desde que se había levantado un par de horas antes.
De repente entró la gata por la puerta de la cocina que da al patio (un patio particularmente soleado y veraniego esa tarde):
- ¡Lula! ¡Qué mierda tenés en la boca! ¡Qué asco... ah, no... sos una hija de puta...!
La gata, con los ojos tan abiertos como los podía tener, y espantosamente inexpresivos, venía con un loro en la boca, que todavía aleteaba. Creo que lo más desagradable de todo era, justamente, el sonido de ese aleteo. La naturaleza da asco cuando de verdad la tenés frente por frente.
- ¡Chu! ¡Chu! ¡Fuera! - le dijo, pero la gata ya había entrado y recorrido buena parte de la casa, buscando un lugar donde terminar de liquidar a su presa. Finalmente, mi hermana abrió la puerta de entrada y la gata salió por ahí. Luego cerró la puerta con llave e intentó olvidarse del asunto.
***
Un rato después tocó timbre mi otra hermana (tengo como cuatro hermanas), que venía con su hijo de siete años. Leticia le abrió la puerta.
- Hola.
- Leticia -contestó mi hermana, Cecilia-, tenés un loro moribundo en la puerta de tu casa, y seguro que fue Lula la que lo agarró, porque está ahí parada mirándolo, bien cerquita.
- ¡Bueno, ta! ¡Y qué querés que haga!
- ¡No sé! es tu gato, no podés dejar que ande matando cuanto bicho se le cruce.
- ¿Y qué querés que le haga, que la ate con una correa? Además, se ve que no lo pudo matar... es muy grande para ella. Por eso lo mira. Lo esta como vigilando.
- No sé... pero esto no puede ser... se está muriendo, pobre cotorra...
- No es una cotorra... es un loro.
- Bueno, igual... ¿no vas a hacer nada? ¿no lo vas a entrar?
- NI EN PEDO METO ESE BICHO EN MI CASA, ESTÁ SANGRANDO.
- Bueno, pero... pobrecito...
- Mamá... -intervino mi sobrino-, ¿no podemos llevarlo para casa?
- Eh... si... si, vamos a llevarlo. Leticia, ¿no me lo ponés en una bolsita, así me lo llevo, pobre?
- ¿Vos te pensas que yo voy a agarrar a un loro y lo voy a meter en una bolsa? estás loca.
***
Al otro día me enteré de todo esto que había pasado, y decidí llamar a mi hermana Cecilia para saber como estaba el loro.
- Está más o menos -me dijo ella, por teléfono- le compré comida y le di un poco en la boca. Se agarra de mi dedo bien fuerte, no quiere que lo suelte.
- ¿Lo tenés en el dedo ahora?
- No, ahora está en la terraza.
- Ah... ¿en el piso?
- Si... en el piso, no hay nada en la terraza, ¿dónde lo voy a poner si no?
- Ah, está bien. ¿Y en que te lo llevaste?
- En una servilleta.
- ¿En una servilleta te lo llevaste?
- Bueno, no... en varias... ah, no, en papel de cocina. ¿No querés venir a verlo?
- No.
***
Pero fui igual, unas dos horas más tarde, porque me quedaba de camino a la parada de ómnibus. Me abrió Cecilia y me acompañó hasta la terraza. Ahí encontramos al loro desplomado en el piso. Parecía estar bastante muerto.
- Me parece que está muerto. Creo... - dije
- Ay no... pobre... se murió...
Me lo quedé mirando un poco mientras ella bajaba a comunicárselo a su hijo. En un acto de sadismo y morbo que no consigo comprender ni explicarme, le dijo que subiera a ver el cadáver del pájaro. Así que subieron los dos juntos.
- Ay... no... -se lamentó el pobre niño.
- Bueno... -empecé a decir, con la voz con la que se consuela a los niños.
- ¡Y justo ahora que le compramos la comida! -me interrumpió.
- Bueno -dijo su madre en el mismo tono que yo-, pero eso no importa, lo que...
- ¡Y justo ahora que le compramos la comida!- gritó el niño. Parecía enojado. Yo me preocupé un poco, como me preocupo siempre por la salud mental de los niños. Después bajó a la casa y volvió a subir con la bolsa de comida. Le empezó a tirar la comida arriba.
- Basta, ¿qué hacés? -le dijo su madre.
- Ahora que se la coma -respondió él-. ¡Justo cuando se la compramos!
- Basta. ¡Basta!
Le tiró prácticamente todo el paquete arriba. El loro quedó sepultado bajo una montaña de esa cosa que comen. Yo le dije a mi hermana que cuando pudiera me bajara a abrir la puerta.